Si convertir a toracotomía cuenta como fracaso, vale la pena preguntarse qué le estamos pidiendo al cirujano que está operando.
La cohorte europea más grande y actual con metodología causal explícita —ocho hospitales del área de Milán, 1605 pacientes, con ponderación por probabilidad inversa— encontró que la conversión fue más frecuente con VATS que con robótica (OR 2,47) y que la estadía postoperatoria fue más larga con toracotomía y con VATS. La diferencia de supervivencia global ajustada apareció contra la cirugía abierta, no contra la VATS. Reingreso a 30 días y mortalidad a 180 días fueron similares entre los tres abordajes.
Es una cohorte mixta, con posible confusión residual por selección de pacientes hacia la plataforma robótica. Nada de eso invalida la pregunta que abre.
Porque la conversión se mide, se publica y se compara — y en el camino se cargó de un significado que no le corresponde. Convertir no es fracasar. Convertir es una decisión que se toma con el paciente sobre la mesa, muchas veces la correcta, y a veces la que evita el problema grave.
Cuando una métrica se lee como fracaso, empuja en una dirección: insistir un poco más. Y ese «un poco más» no siempre es del paciente.
¿Cómo registran ustedes una conversión? ¿Como complicación, o como decisión?
Mazzali C, et al. J Robot Surg 2026;20(1). PMID 42237053