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Oncología torácica

Cáncer de pulmón

El tumor torácico más frecuente. Cuando se detecta a tiempo, la cirugía puede curarlo.

Qué es

El cáncer de pulmón es el crecimiento descontrolado de células dentro del tejido pulmonar. No es una sola enfermedad: bajo ese nombre hay tipos que se comportan de manera muy distinta y que se tratan de manera distinta.

La división que más pesa en la decisión quirúrgica es entre el cáncer de pulmón de células no pequeñas —el más frecuente, y el que habitualmente se opera— y el de células pequeñas, que suele tratarse con quimioterapia y radioterapia.

Hay algo que conviene decir con claridad, porque genera mucha angustia innecesaria: el pulmón no duele. No tiene terminaciones nerviosas que avisen. Por eso un tumor puede crecer un tiempo largo sin dar ningún síntoma, y por eso muchos se descubren por casualidad, en una radiografía o una tomografía pedida por otro motivo.

Cuando aparecen síntomas, los más habituales son:

  • Tos que no se va, o una tos de siempre que cambió de característica.
  • Sangre en el esputo, aunque sea poca y una sola vez.
  • Falta de aire o silbidos nuevos.
  • Dolor en el pecho, el hombro o la espalda que no cede.
  • Infecciones respiratorias a repetición en el mismo sector del pulmón.
  • Pérdida de peso sin explicación.

El principal factor de riesgo es el tabaco, pero no es el único: hay personas que nunca fumaron y desarrollan cáncer de pulmón. Que alguien no haya fumado nunca no descarta el diagnóstico, y no fumar tampoco es motivo para demorar una consulta.

Cómo se estudia

El estudio tiene dos preguntas distintas que responder, y conviene entenderlas separadas porque explican por qué a veces son varios estudios.

La primera: ¿qué es? Se necesita una muestra de tejido. Según dónde esté la lesión, se obtiene por broncoscopía, por punción a través de la pared del tórax guiada por tomografía, o por una biopsia quirúrgica cuando las anteriores no alcanzan.

La segunda: ¿hasta dónde llegó? Es la estadificación, y es la que define el tratamiento. Incluye:

  • Tomografía computada de tórax y abdomen superior.
  • PET-TC, que muestra qué zonas tienen actividad metabólica aumentada.
  • Resonancia de cerebro, según el caso.
  • Estudio de los ganglios del mediastino, que es donde entra la parte más específica de nuestro equipo: la videomediastinoscopía y la VAMLA permiten ver y extraer esos ganglios bajo visión directa, con una precisión que las imágenes solas no dan.

Ese último punto no es un detalle técnico. Estadificar mal el mediastino lleva a operar a alguien que no se beneficia de la cirugía, o a no operar a alguien que sí. Es una de las razones por las que la cirugía torácica es una subespecialidad y no una parte más de la cirugía general.

También se evalúa si la persona está en condiciones de tolerar la operación: función respiratoria, evaluación cardiológica y estado general.

Cómo lo tratamos

Cuando el tumor es resecable y la persona está en condiciones, la cirugía es el tratamiento que ofrece la mejor posibilidad de curación.

La operación estándar es la lobectomía: se saca el lóbulo del pulmón que contiene el tumor junto con sus vasos, su bronquio y los ganglios que le drenan. En tumores chicos y bien ubicados puede alcanzar con una segmentectomía anatómica, que preserva más pulmón sano. En casos donde el tumor compromete estructuras centrales puede hacer falta una neumonectomía, que es la extirpación de todo el pulmón de ese lado.

Casi todas estas cirugías las hacemos por VATS uniportal: una sola incisión, sin separar las costillas. La cantidad de tejido y de ganglios que se resecan es la misma que por vía abierta; lo que cambia es el acceso, y con él el dolor y el tiempo de recuperación.

El caso no lo decide una sola persona. Se discute en la revista diaria del equipo y, cuando corresponde, con oncología y neumonología, con conductas alineadas a las guías internacionales. Según el estadio, la cirugía puede ir acompañada de tratamiento antes o después.

Qué esperar de la recuperación

Vas a despertar con uno o dos tubos de drenaje en el tórax y con analgesia indicada. El drenaje molesta, pero es lo que permite comprobar que el pulmón quedó bien expandido; se retira en cuanto eso está confirmado.

El primer día ya vamos a pedirte dos cosas que parecen menores y no lo son: levantarte a caminar y hacer los ejercicios respiratorios. Quien se mueve y respira hondo tiene menos neumonías y menos complicaciones. El dolor bien controlado existe justamente para que puedas hacerlo.

Se puede vivir con un lóbulo menos, y en general sin limitaciones en la vida diaria. Cuánta capacidad respiratoria queda depende de cuánto pulmón se sacó y de cómo estaban tus pulmones antes; eso se estima antes de operar, no después.

Después del alta el seguimiento es protocolizado, con controles periódicos por imágenes durante años. No es una formalidad: la detección temprana de una recaída cambia lo que se puede hacer.

Al médico que te derivó le enviamos el parte quirúrgico, el resultado de la anatomía patológica y el plan de seguimiento.

Cuándo consultar sin demora

Pedí una consulta pronto, sin esperar a que se acomode, si tenés:

  • Tos que lleva más de tres semanas sin mejorar.
  • Sangre en el esputo, aunque sea una sola vez y en poca cantidad.
  • Falta de aire nueva o que va en aumento.
  • Dolor en el pecho, el hombro o la espalda que no cede.
  • Neumonías repetidas en el mismo lugar del pulmón.
  • Pérdida de peso que no te explicás.
  • Un nódulo pulmonar informado en cualquier estudio de imagen.

Si estás en el postoperatorio, andá a la guardia ante fiebre, falta de aire que aumenta, o una herida que se pone roja o supura. El equipo tiene guardia pasiva las 24 horas, los 7 días de la semana.

Escrito y aprobado por Dr. Juan José Anastasio, M.P. 6835 — Jefe de Equipo

Última revisión médica:

Equipo de Cirugía Torácica

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