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Resecciones pulmonares

Neumonectomía

Extirpación de todo un pulmón. Se reserva para casos en que no hay alternativa menor.

Qué es

Es la extirpación de un pulmón completo, con su arteria, su vena y su bronquio principal, junto con los ganglios correspondientes.

Es la resección pulmonar de mayor magnitud, y hoy se indica cada vez menos. El avance de las técnicas que permiten conservar tejido —las resecciones bronquiales con reconstrucción, que sacan el tumor y reconectan el bronquio sano— hizo que muchos casos que antes terminaban en neumonectomía se resuelvan hoy preservando pulmón.

Cuando aun así es lo indicado, sigue siendo una cirugía que puede curar. Pero la decisión se toma después de haber descartado todas las alternativas menores.

Para qué se usa

  • Cáncer de pulmón que compromete estructuras centrales —el bronquio principal o la arteria pulmonar en su origen— o que abarca más de un lóbulo, cuando no es posible una resección que conserve tejido.
  • Pulmón destruido por infecciones crónicas: secuelas graves de tuberculosis, bronquiectasias difusas de un solo lado, infecciones micóticas.
  • Traumatismos con lesión irreparable del hilio pulmonar.

Cómo se hace

Con anestesia general y ventilación de un solo pulmón. Puede hacerse por toracotomía o, en casos seleccionados, por vía mínimamente invasiva.

Se disecan y seccionan la arteria y la vena pulmonares y el bronquio principal. El cierre del muñón bronquial es el punto técnico crítico de esta cirugía: de su cicatrización depende evitar la complicación más temida, que es la fístula bronquial. Por eso ese muñón se cierra con especial cuidado y, según el caso, se refuerza con tejido vecino.

Se completa con el vaciamiento ganglionar. El espacio que queda vacío se llena con el tiempo de líquido y se organiza; no se rellena con nada.

La evaluación previa es la mitad del trabajo

Esto es lo más importante de esta ficha:

Antes de indicar una neumonectomía hay que estar seguro de que vas a poder vivir bien con un solo pulmón. Esa evaluación es exhaustiva y se hace siempre:

  • Estudio funcional respiratorio con difusión, y cálculo de la función que va a quedar después de la cirugía.
  • Centellograma de perfusión, que mide cuánto trabaja realmente cada pulmón. A veces el pulmón enfermo ya casi no funciona, y entonces sacarlo cambia poco la capacidad total.
  • Evaluación cardiológica completa, incluyendo la presión de la arteria pulmonar.
  • Pruebas de esfuerzo, que miden la capacidad real, no la teórica.

Si esa evaluación no da un margen suficiente, la neumonectomía no se hace y se busca otro camino. Preferimos decirlo antes.

Internación y recuperación

La internación es más larga que la de una lobectomía y el control postoperatorio es más estricto, con atención especial al manejo de líquidos y a la función cardíaca.

La recuperación completa lleva meses, y es progresiva. El cuerpo se adapta: el pulmón que queda asume la función y con el tiempo la capacidad mejora respecto de las primeras semanas.

Se puede hacer una vida normal con un pulmón, con limitaciones para los esfuerzos intensos. Muchas personas retoman su actividad habitual. Lo que no conviene es prometerte un plazo genérico: depende de cómo estabas antes, de tu edad y de tu estado general, y se va evaluando en los controles.

La rehabilitación respiratoria acá no es un complemento: es parte del tratamiento, y los resultados dependen bastante de ella.

El seguimiento es protocolizado y prolongado, con informe permanente al médico derivador.

Escrito y aprobado por Dr. Juan José Anastasio, M.P. 6835 — Jefe de Equipo

Última revisión médica:

Equipo de Cirugía Torácica

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