Galería
Con qué operamos.
Nada de esto cura por sí solo. Un quirófano y un instrumental son medios, y el resultado no es una cirugía bien hecha sino una persona que vuelve a su vida. Dicho eso, hace falta tener con qué — y esto es con lo que trabajamos.
Imágenes
Lo que hay adentro.

El quirófano antes de empezar. Nada de lo que se ve acá cura por sí solo: lo que cambia el resultado es qué se decidió operar, y quién lo hace. 
El mismo quirófano, trabajando. Lo que se ve en la pantalla es el interior del tórax: se opera mirando ahí, no la herida. 
Una cirugía de tórax dura horas y se resuelve en milímetros. Esto es la mayor parte del trabajo: alguien mirando muy de cerca, mucho tiempo. 
El toracoscopio entra por una sola incisión, sin separar las costillas. Menos dolor no es comodidad: es que la persona pueda respirar hondo, toser y caminar antes. 
Una placa de titanio antes de colocarse. Se le da la forma de la costilla de esa persona en el momento, y después queda: el titanio es inerte, no se infecta ni genera rechazo. 
El tubo de drenaje que queda después de operar. Las columnas miden lo que sale del tórax, y son las que van marcando cuándo se puede sacar. 
El sistema robótico, montado en el quirófano del Sanatorio 9 de Julio. El programa está operativo: el aparato instalado, el plantel certificado y las primeras cirugías ya programadas. 
Tener el equipo es una parte; la otra es el entrenamiento. La certificación como cirujano de consola en ese sistema se completó el 3 de septiembre de 2026. 
Lo primero de cada cirugía, todos los días. No aparece en ningún folleto y es de las cosas que más pesan en que después no haya una infección. 
Una cirugía de tórax no la hace un cirujano. La hacen cirujanos, anestesiología, instrumentación y enfermería, todos a la vez y en la misma sala.