Qué es
Es la cirugía que vuelve a unir las costillas quebradas, fijándolas con clips de titanio de cierre asimétrico hasta que consolidan.
La mayoría de las fracturas de costilla no necesita nada de esto: duelen, molestan semanas y sueldan solas. Esta cirugía es para las que no.
Y para entender cuáles son, hay que ver por qué una costilla rota es distinta de cualquier otro hueso roto:
La pared del tórax es rígida a propósito. Esa rigidez es lo que hace que, al inspirar, la caja se expanda y entre el aire. Un sector que perdió su continuidad con el resto de la caja no acompaña ese movimiento: se hunde justo cuando debería expandirse. Eso se llama respiración paradójica, y ese sector no solo deja de ayudar a ventilar: resta.
El otro problema es más simple y no por eso menor. Los extremos rotos se mueven con cada respiración, y eso duele de una manera que hace que la persona respire corto y no se anime a toser. Respirar corto y no toser es exactamente lo que retiene las secreciones, y lo que termina en neumonía.
Por eso fijar no es enderezar un hueso: es devolverle al tórax la capacidad de trabajar.
Para qué se usa
- Tórax móvil, cuando varias costillas vecinas se quebraron en dos puntos y ese segmento quedó suelto. Es la indicación clásica.
- Fracturas múltiples y desplazadas que duelen tanto que no dejan respirar hondo ni toser, aunque no haya tórax móvil.
- Fracturas que no consolidaron, meses después del golpe, con dolor que no cede y un sector que se sigue moviendo.
- Estabilización de la pared después de una resección, junto con la reconstrucción.
- Cuando ya hay que entrar al tórax por otro motivo —evacuar un hematoma, resolver un sangrado— y las fracturas se pueden fijar en el mismo acto.
Cómo se hace
Se planifica antes con una tomografía, que es la que muestra cuántas costillas están rotas, en cuántos puntos y cuánto se desplazaron. De ahí sale qué costillas conviene fijar: no se fijan todas, se fijan las que devuelven la estabilidad.
Se llega a las costillas comprometidas separando los músculos en vez de cortarlos, siempre que la ubicación lo permita: un músculo que se respeta es un músculo que después funciona.
Cada fractura se reduce —se vuelven a alinear los extremos— y se fija con un clip de titanio de cierre asimétrico, que abraza la costilla y se cierra sobre ella, sosteniendo la alineación mientras el hueso suelda.
Muchas veces se combina con videotoracoscopía en el mismo acto: permite revisar el pulmón, evacuar sangre acumulada y colocar el drenaje viendo lo que se hace, con una agresión mínima.
Por qué conviene fijar, y hacerlo temprano
La estabilidad se recupera en el mismo momento de la cirugía, y de ahí sale todo lo demás:
- Se puede respirar hondo y toser, que es la defensa del pulmón contra la neumonía.
- Menos días con asistencia respiratoria y menos tiempo en terapia intensiva, en los casos que llegaron ahí.
- Menos dolor crónico meses después, y menos deformidad de la pared.
- La kinesiología puede empezar en serio, porque hay con qué.
La demora juega en contra: cuanto más tiempo pasa con el segmento suelto, más se instala el círculo de dolor, respiración corta y secreciones retenidas.
Por eso hay una ventana, y conviene conocerla:
- Lo ideal son las primeras 72 horas.
- Dentro de los primeros 7 días sigue siendo el momento adecuado.
- Hasta los 21 días la cirugía todavía es posible.
Pasado ese plazo el hueso empezó a consolidar en mala posición, y el problema deja de ser el mismo. Por eso, ante un tórax móvil o fracturas que no dejan respirar, la consulta no debería esperar.
Internación y recuperación
Las primeras horas son exigentes, porque la zona operada se mueve con cada respiración.
El control del dolor es la prioridad, y no por comodidad: es lo que permite respirar hondo, toser y levantarse. La analgesia se planifica desde el quirófano, y cuando corresponde se suma crioanalgesia, que apunta exactamente a ese problema.
La kinesiología respiratoria empieza en las primeras 24 horas. El drenaje se retira cuando deja de dar débito.
Después del alta hay un período de restricción de esfuerzos, con pautas escritas de qué se puede hacer y desde cuándo. La consolidación del hueso lleva semanas, y el material sostiene mientras tanto.
El titanio se queda
Es de las primeras preguntas que aparece, y la respuesta es que no hay que sacarlo. El hueso suelda alrededor y el material queda ahí.
El titanio es inerte: no se oxida, no se infecta, y no genera reacción ni rechazo. El cuerpo no lo pelea. Por eso no hay una segunda cirugía esperando más adelante.
Tampoco condiciona nada de lo que venga después: no suena en los detectores de los aeropuertos y es compatible con la resonancia magnética, así que se pueden hacer todos los estudios que hagan falta.