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Reconstrucción

Reconstrucción de pared torácica

Después de resecar costillas o esternón, se reconstruye la caja para que el tórax siga funcionando.

Qué es

Es la reparación de la caja torácica después de que hubo que sacar una parte: costillas, esternón, cartílagos o partes blandas.

Hay que entender por qué no se puede simplemente cerrar la piel encima:

La pared del tórax es rígida a propósito. Esa rigidez es lo que hace que, cuando el diafragma baja y las costillas se elevan, se genere una presión negativa que mete el aire en los pulmones. Si un sector de la pared queda blando, se hunde hacia adentro justo cuando debería expandirse. Eso se llama respiración paradójica: ese sector no solo no ayuda a ventilar, sino que resta.

Por eso la reconstrucción no es cosmética: es funcional, y se hace en la misma cirugía que la resección.

Para qué se usa

  • Tumores de la pared torácica, después de la resección con márgenes amplios. Es la indicación más frecuente.
  • Tumores de pulmón que invaden la pared y obligan a resecarla en bloque.
  • Deformidades congénitas: pectus excavatum y carinatum.
  • Traumatismos con destrucción de la pared o tórax móvil.
  • Infecciones y radionecrosis que obligan a resecar tejido.

Cómo se hace

La estrategia se planifica antes de la cirugía, con las imágenes: se calcula el tamaño del defecto que va a quedar y se decide con qué se lo va a cerrar.

Se trabaja en dos planos:

La estructura. Depende del tamaño y de la ubicación:

  • Defectos chicos, o en zonas cubiertas por la escápula, pueden no requerir material rígido.
  • Defectos medianos: mallas protésicas que dan tensión y evitan el hundimiento.
  • Defectos grandes o anteriores: materiales rígidos, placas o sistemas de fijación costal que devuelven la firmeza.

La cobertura. El material necesita quedar cubierto por tejido vivo y bien irrigado. Según el caso se usan colgajos musculares —dorsal ancho, pectoral mayor, recto abdominal— rotados desde la vecindad. Cuando la cobertura es compleja, se planifica junto con cirugía plástica.

En las deformidades congénitas la lógica es distinta: no hay defecto que llenar, sino una forma que corregir. En el pectus excavatum se colocan barras metálicas por detrás del esternón para levantarlo, con control por videotoracoscopía, y se retiran en una segunda cirugía años después.

Ventajas de reconstruir en el mismo acto

Reconstruir en la misma cirugía, y no después, tiene consecuencias directas:

  • Se preserva la mecánica respiratoria desde el primer momento. No hay período de respiración paradójica.
  • Menos complicaciones respiratorias, porque podés respirar hondo y toser.
  • Se evita una segunda cirugía sobre un campo ya operado, que siempre es más difícil.
  • Permite ser más amplio en la resección oncológica, porque el cirujano no tiene que economizar tejido por miedo a no poder cerrar. Y en oncología, el margen manda.

Internación y recuperación

El postoperatorio es exigente, sobre todo en las primeras horas, porque la zona operada se mueve con cada respiración.

El control del dolor es la prioridad, y no por confort: es lo que permite respirar hondo y toser, que es lo que evita la neumonía. La analgesia se planifica desde el quirófano.

La kinesiología respiratoria empieza en las primeras 24 horas.

Los drenajes se retiran cuando dejan de dar débito. La internación suele ser de varios días y depende del tamaño de la reconstrucción.

Después del alta hay un período de restricción de esfuerzos, con pautas escritas de qué se puede hacer y desde cuándo. La consolidación completa lleva semanas.

Con una reconstrucción bien hecha, la pared queda estable y la función respiratoria se conserva. En las deformidades congénitas, además, el cambio de forma es inmediato y definitivo.

Escrito por Dr. Alejandro Kees, M.P. 9371 — Pared torácica

Revisado y aprobado por Dr. Juan José Anastasio, M.P. 6835 — Jefe de Equipo

Última revisión médica:

Equipo de Cirugía Torácica

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