Qué es
Son alteraciones en la forma de la caja torácica, producidas por un crecimiento anormal de los cartílagos que unen las costillas con el esternón. Las dos más frecuentes son:
- Pectus excavatum, o pecho hundido: el esternón se desplaza hacia adentro y forma una depresión en el centro del pecho. Es la más común.
- Pectus carinatum, o pecho de paloma: el esternón se proyecta hacia afuera.
Suelen hacerse evidentes o acentuarse durante el estirón de la adolescencia. Muchas veces hay antecedentes en la familia.
Hay dos dimensiones del problema, y las dos son legítimas:
La funcional. En las formas marcadas, el hundimiento puede reducir el espacio disponible para el corazón y los pulmones, y producir cansancio con el ejercicio, falta de aire al esforzarse o palpitaciones. Esto se puede medir con estudios objetivos.
La que tiene que ver con vivir con eso. Es una deformidad visible, que aparece en plena adolescencia, y que lleva a muchos chicos y chicas a evitar la pileta, el gimnasio, la playa o cambiarse frente a otros. Eso no es vanidad y no corresponde minimizarlo: es parte real del cuadro y es un motivo válido de consulta.
Cómo se estudia
- Tomografía computada de tórax, con la que se calcula el índice de Haller, una medida objetiva de la profundidad de la deformidad. Es uno de los datos que definen la indicación quirúrgica.
- Ecocardiograma, para ver si hay compresión o desplazamiento del corazón.
- Estudio funcional respiratorio, en reposo y con ejercicio.
- Evaluación clínica de la simetría, la rigidez de la pared y el momento del crecimiento.
La edad importa: hay una ventana en la que la pared torácica todavía tiene flexibilidad y el resultado es mejor. Por eso conviene consultar durante la adolescencia y no esperar a la vida adulta, aunque también se opera en adultos.
Cómo lo tratamos
Para el pectus excavatum, la corrección quirúrgica consiste en colocar una o más barras metálicas por detrás del esternón para levantarlo y sostenerlo en posición. Se hace por incisiones laterales, con control por videotoracoscopía para colocar la barra con seguridad. La barra permanece un tiempo —en general algunos años— y después se retira en una segunda cirugía más simple.
Para el pectus carinatum, en pacientes en crecimiento y con una pared flexible, el tratamiento de primera línea puede no ser quirúrgico sino ortésico: un sistema de compresión externa que se usa durante meses y que en muchos casos corrige la deformidad sin operar. Cuando eso no es posible o no resulta, hay corrección quirúrgica.
La indicación se conversa con la familia con criterios claros: qué mide la deformidad, qué repercusión funcional tiene, qué se puede esperar de la corrección y qué implica el postoperatorio. No todas las deformidades necesitan cirugía, y también decimos eso cuando corresponde.
Qué esperar de la recuperación
El postoperatorio del pectus excavatum tiene un punto que hay que anticipar con honestidad: los primeros días duelen. La pared torácica quedó forzada a una posición nueva. El manejo del dolor está planificado desde el quirófano y es la prioridad.
La internación dura algunos días. Después hay un período de restricción de esfuerzos y de deportes de contacto, con pautas escritas de qué se puede y qué no, y a partir de cuándo. La postura se trabaja con kinesiología.
El resultado estético suele ser inmediato y muy notorio: el pecho queda corregido desde el momento de la cirugía. La barra se retira más adelante en un procedimiento sensiblemente más simple.
Cuándo consultar sin demora
Esta no es una patología de urgencia, pero sí de oportunidad:
- Si vos o tu hijo tienen el pecho hundido o proyectado y están en la adolescencia, consultá durante el crecimiento: es cuando hay más opciones y mejores resultados.
- Si aparece cansancio o falta de aire con el ejercicio que no se explica por otra cosa.
- Si hay palpitaciones o dolor en el pecho.
- Si la deformidad está afectando cómo se vive el día a día. Es un motivo de consulta válido, y en este equipo se toma como tal.